Voy a empezar por la conclusión esta vez: “Somos unos borregos”.
¿Realmente necesitamos reflexionar algo? ¿Acaso no tenemos elegida de antemano la papelera a la que vamos a tirar nuestro voto? Me hace mucha gracia el escuchar decir a la gente que no tiene decidido su voto y que todo depende de las propuestas que hagan los unos, los otros y los de mas allá. Realmente nos la suda. Nos limitamos a hacer como si tuviesemos interés en los debates, las noticias de mediodía y las secciones de actualidad del periódico de turno.
Se asemeja al Año Nuevo cuanto todo son propósitos y buenas intenciones: empezamos la campaña electoral con la determinación de ser objetivos y poner los cinco sentidos en elegir a un candidato que cumpla en mayor medida nuestras espectativas, se ajuste más a nuestra forma de pensar, nos inspire más confianza, etc. Todo hipocresía hacia los demás y sobre todo hacia nosotros mismos. La puta realidad es que no nos haría cambiar de idea ni nuestro padre, que no tenemos el mínimo interes en darle el voto a quien más se lo “merezca”, que tenemos una tapia en cada oido que nos impide escuchar más allá de nosotros mismos.
Lo más triste es que ya es tarde, otra vez más lo es. Si señores, hemos perdido la oportunidad de abrir nuestra mente, de escuchar, de participar realmente. Y lo que más me fastidia que el simple hecho de haber votado a un candidato nos convierte en unos borregos, en unos peleles que lo único que van a hacer es intentar justificar lo indefendible cuando nuestro candidato se equivoque, defendiéndole a capa y espada en cualquier circunstancia. Si nos piden que vayamos a una manifestación iremos porque le dimos nuestro voto y le tenemos que apoyar, si nos dice que todo va debuti pues nos lo creemos porque introdujimos nuestra fe ciega en aquella urna, si nos dice que el mundo se va a la mierda pues a protestar por todo.
Por favor dejemos de comportarnos como borregos.