¿No os ha pasado que alguna vez habéis pisado una mierda y a partir de ahí no haces más que pisar mierdas y hablar de pisar mierdas? Da igual que tengas 20 años cuando pisas tu primera cagada de perro (quiero creer que sea de can), a partir de ahí pisarás multitud de excrementos más y lo que es peor, todo el mundo que te rodea estará maldito y comenzará a tropezarse con heces allá donde se encuentre.
También pasa lo mismo cuando conoces al alguien que vive en tu ciudad pero que nunca antes habías visto. De repente empezarás a encontrártelo en la cola del cine, paseando por el mismo sitio por el que llevas haciéndolo años… Es más, descubrirás que tienes multitud de amistades y de vivencias en común, posiblemente hayáis ido al mismo instituto y salido por los mismos bares. En esos momentos estás abocado a compartir el resto de tu existencia con esa persona que hasta hace unos momentos era una perfecta desconocida para ti.
Y ahora nos metemos en el meollo del asunto, que es cuando con tu pareja no paras de comentar tus preocupaciones, tus problemas, tus miedos. De acuerdo que es básico tener una relación de confianza y una persona en la que apoyarse, pero también es verdad que los problemas atraen los problemas y de repente sin darte cuenta te hallas en una espiral de dificultades que antes no parecían existir, y de hecho no deberían existir. Empiezas a estar irascible por cosas que antes no dabas importancia, buscas rallarte por cosas absurdas, porque realmente te enganchas a la sensación de tener tu cabeza llena de mierda. Y lo que es peor, cuando tu mente está tranquila buscas cosas que te hacen estar alterado. Aquí es donde estamos perdidos y donde no reparamos en que no tenemos ni puta idea de qué va esto de tener pareja, de compartir tu vida con una persona. No nos damos cuenta de que hay que disfrutar de la persona que tenemos a nuestro lado, que hay que aprovechar que alguien nos aguanta y nos da la oportunidad de evadirnos del mundo real y disfrutar de ese mundo que hemos creado y donde sólo hay cabida para nosotros dos, ese espacio en el que nos sentimos protegidos al igual que lo estábamos en el vientre de nuestra madre y donde todo es posible.
